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Camina despacio, despacito diría yo porque no se trata de lentitud sino de la longitud de cada paso. Siempre una sonrisa socarrona, trata de decir algo refiriéndose a él mismo: "¡Llegó el de las monedas!" por ejemplo. Es que no se corresponde su lucidez con sus mermadas facultades físicas y de ahí precisamente esa especie de coquetería. Se detiene ante el mostrador y, con parsimonia, extrae una cartera del bolsillo.

Primero intenta sacar el precio exacto en monedas, luego continúa vaciándolo todo sobre el periódico que previamente yo le he puesto como alfombra del escenario. Todo con absoluta lentitud, es preferible despacio y seguro que a trompicones, nunca mostrar torpeza debe ser su lema, girar siempre la moneda al ángulo que refleje la luz  y, con suerte, la cara donde aparece la cifra. Sé perfectamente que no le gusta que me adelante a decirle cual es la moneda de veinte céntimos, él tiene que hacerlo todo y me complace complacerle a pesar de que en ocasiones se juntan dos o tres personas más detrás esperando a hacer su compra. Y que no se me ocurra decirle nada que no sean las muletillas de siempre, es sordo de cañón pero igualmente asiente cada vez que alguien le dice algo y hasta te ríe un chiste si se lo haces aunque no se entere de nada.

Jimena también debe sobrepasar los ochenta, hasta hace unos meses venía a diario. Extremadamente delgada, con el lado izquierdo del cuerpo semiparalizado. Brazo pegado al cuerpo hasta el codo y antebrazo mirando hacia arriba como gancho que usa para colgar las bolsas de la compra, al no controlar esa extremidad le sucede con frecuencia que al llegar a casa descubre el brazo lastimado el excesivo peso. Me cuenta que alguna vez ha intentado sujetar un huevo con esa mano, por supuesto que ni para tortilla quedó. Nunca falta transeúnte que al toparse con ella la mira espantado como si viera un fantasma, yo les digo que está llena de vida gracias a que persiste en hacerlo todo, pero absolutamente todo y más. Vive sola y no le queda más remedio que arreglárselas. Un día estaba cocinando la comida y resulta que había olvidado  determinado condimento, ahí mismo decidió bajar a comprarlo, no lo encontró en el ultramarino de la zona pero no se rindió, tomó un autobús y al centro de la ciudad. Es difícil explicar lo que debe significar todo ese ajetreo en una persona con sus limitaciones físicas, pero no ceja y ahí sigue. Otro día vino enfadada porque habían cortado el árbol en que ella se sujetaba cuando bajaba del autobús. Y es que mas de una vez ya de noche me la he encontrado en la calle, con su paso de chiquito de la calzada hasta creo escuchar  una especie de tic tac que me la relaciona con el conejo de las pilas que nunca se detiene.

Genaro venía a diario a por el periódico con su perrito, ambos muy menudos y vividos para sus respectivas especies, siempre atento a la vuelta para que no se le escapara un céntimo. Se mostraba bastante incómodo cuando le hacían comprar, además, una promoción. No aceptaba de muy buen grado que a sus noventa años le rompieran la rutina con tanto trasto. Los veranos los pasaba en Asturias, su tierra. Una de esas vísperas de un otoño, regresó irreconocible, decía que él estaba en Valladolid de visita que vivía permanentemente allá, algo empezaba a fallar. Un día llegó bastante tenso y no fue hasta que ví que ya no era el mismo perro, había muerto el de siempre y ahora ocupaba su lugar uno mucho mas joven, creo que todavía cachorro pero triplicaba en fuerza a su antecesor y no había manera de que se estuviera quieto. Empezó a venir dos y hasta tres veces diarias al kiosco a comprar el periódico porque no recordaba si lo había hecho, siempre lo perdía por el camino. Un día me asomo y lo veo a lo lejos pegando al perro pero se puede decir que en defensa propia porque llegó el momento en que era el animal quien marcaba el camino, Genaro no podría con él. Al poco tiempo solo lo veía cuando sus familiares lo sacaban a dar una vuelta hasta un día que murió.

Hace ya mas de un año que no ha vuelto Doña Rogelia, no es que se llame (o llamaba) así, es que físicamente era la imagen exacta del televisivo personaje en forma de muñeco. Triste historia la de esta señora hasta donde he sabido. Unos veinte años atrás quedó viuda. Al parecer nunca había hecho mas labor que la del hogar, analfabeta, desconfiada, lamentablemente con toda razón, me consta porque depositó ciegamente su confianza en mí para que le leyera los extractos del banco. Ha sido de las pocas personas que ha colmado mi paciencia. Necesitaba ayuda urgente ya no solo por lo frágil según la he descrito sino que su demencia ya rebozaba límites, estaba sola, no sé que habrá sido de ella, me temo que lo peor y como digo, triste.

Debe ser ley natural pero yo mismo me doy cuenta de que uso descripciones que rozan la caricatura, la compasión, el paternalismo. Dejamos a un lado que estas personas son sobrevivientes de la mayoría de sus contemporáneos. Han sabido sacar adelante a sus familias probablemente en condiciones en que los que hoy bregamos por la madurez no seríamos capaces de afrontar o al menos tendríamos mucho que aprender para conseguirlo. Tienen todo mi respeto.

opinion13Jean Paul Escobar (desde Valladolid)

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EUROmodul stand TRANSFORMER 7 Abril 2013 Video Portada
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