Un poco de historia

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Hoy tengo ganas de recordar. Recordar otros tiempos, tiempos felices y también tiempos de ignorancia.

Si, todas podremos más o menos tener recuerdos vividos o relatados por otras personas que disfrutaron de aquellos tiempos.

Eran tiempos de bonanza para las personas que se dedicaban a la venta de prensa y revistas. Los artículos se vendían solos. Nuestros cajones, donde ponemos las monedas y billetes, rebosaban de salud y vida, pues las monedas casi hacían intentos por salirse de ellos.

La gente que tenía un quiosco era muy variopinta, como ahora.  Pero predominaba gente con pocos recursos económicos, que recurrió al negocio de la venta de prensa y revistas, en un principio en plena calle, y en tiempos posteriores en pequeños puestos hasta llegar a los quioscos modernos de hoy.

Había muchísimas mujeres dedicadas a este gremio, para aumentar los ingresos en las casas, incluso niños voceando las cabeceras y noticias en plena calle. Vamos, lo que se denomina mucha mano de obra para Editores y Distribuidores.

Existía el mismo horario duro como el nuestro, pero el trabajo era menos complicado: menos publicaciones, menos atípicos o ninguno, y por supuesto nada de cupones.

Y nada de comunicación, en la misma ignorancia bien cultural, bien de defensa ante Distribuidores y Editores.

Y por fin, los quioscos más acondicionados, generaciones nuevas, unos heredando y otros empezando. Y comenzaron las complicaciones, y con ellas se instalaron unas prácticas que aún hoy para nuestra desgracia se siguen manteniendo.

El peso del trabajo era mucho y se recurría a tener un ayudante, por supuesto no remunerado y como norma general se trataba de un “venido a menos”, alguien al que se le podía contentar con el paquete de tabaco, o con dos perras, y que nos acompañaba mañana y tarde.

Al ayudante también se le podía mandar a repartir nuestros artículos, llevarlos a las casas, a los bares, cada vez más alejados de nuestros negocios, y los Editores vieron la luz: “Si estos pequeños vendedores hacen ésto yo puedo hacerlo mayor y mejor”. Y llegaron las malditas subscripciones.

También comenzaron a circular los atípicos de prensa, y  muchas personas vendedoras no respetaban el artículo con su periódico, y por consiguiente llegaron los malditos cupones. Cupones que hoy todavía se recortan a los periódicos sin permiso de los consumidores para no tener faltas ante el Distribuidor.

Pero en esa época de bonanza no se cayó en la cuenta de obligarse a un día de descanso como mínimo, como cualquier persona trabajadora, y se organizó una secta de trabajadores de 12 horas diarias si descanso de ningún tipo 362 días al año. Vamos, la destrucción de todos los logros de los trabajadores en este país.

Pero claro, seguíamos vendiendo mucho, pero mucho, y sólo nos importaba saber que en los albaranes no faltara nada de lo que ponía, y al resto del albarán ni caso, ni tantos por cientos a los que iban los artículos, ni descuentos, ni etc... Mucha de toda esta circunstancia desgraciadamente no ha cambiado, pero sí nuestras ganancias, nuestra bonanza.

Por eso ahora hay que encontrar un rato dentro de cada uno de nosotros y buscar las soluciones y los cambios en nuestros negocios y en la manera en que los gestionamos. Ahora concurren varios factores que nos unen más que nos separan: La necesidad de salvar nuestros puestos de trabajo.

Ahora es el momento de la comunicación, la unión, la acción, y con vuestro permiso de una verdadera Revolución en nuestros negocios, y en nosotros mismos.

reme1Remedios Garrido (desde Granada)